cabecera expertosenelcamino

Miércoles, 01 Diciembre 2010 09:21

Etapa 30: Arca do pino a Santiago de Compostela

Escrito por Chiruca

Son veinte los kilómetros que debemos recorrer desde Arca hasta la catedral de Santiago. Todo ello por un terreno ondulado. Un continuo subir y bajar. No. No puedo darle la normalidad a esta etapa.

Intento, desde primera hora de la mañana, comportarme como en una jornada más. Pero no puedo. Hoy es el último día de este largo viaje caminando. Es el final del trayecto. O el comienzo, según se vea. O según lo sienta el peregrino. Entiendo que la frase repetida por mí de “hay tantos Caminos como peregrinos” es simplista. Pero muy válida. La puedo aplicar a otras muchas cosas en el día de hoy. En el día en que acaba mi periplo a pie. Puedo también decir que “hay tantos sentimientos al llegar a Santiago, como peregrinos”; o tantas conclusiones o tantas motivaciones. En definitiva, cada peregrino es un mundo, y hará el Camino por donde decida, siguiendo, o al margen de las flechas amarillas. Cada peregrino vivirá el Camino de una manera diferente. Lo mismo que el antes del Camino y el después. Sobre todo el después.

 

Nos levantamos. Desayunamos. Y partimos muy temprano. Mucho antes que el resto de los días. Y comenzamos a caminar cuando aún no ha amanecido. Ya lo digo, hoy no es un día normal. Todos los días son diferentes. Es cierto. Pero hoy especialmente. Nada más salir de Arco, entramos en un frondoso bosque que debemos atravesar. Hemos dejado atrás las farolas de Arco y, todavía sin amanecer, la oscuridad es total. Me gusta mucho caminar a oscuras. Agudizo los sentidos y siento un extraño cosquilleo. Lo suelo hacer con la luna llena. Pero alguna vez, también, sin la tenue luz de la luna. Como hoy, por eso voy disfrutando y no enciendo mi frontal. En este bosque he encontrado la metáfora del día. Caminar a oscuras, agudizando los sentidos y los sentimientos. Abstrayéndote del entorno y fijando toda tu atención en ti. En cada uno de tus pasos y en tu interior. Al salir del bosque, vemos la luz.

 

Mientras caminábamos por el bosque, no podíamos ver que el cielo se iba clareando lentamente. Los árboles nos impedían comprobar que el día iba desplazando a la noche en un lento amanecer. La luz aparece repentinamente en cuanto traspasas los últimos árboles del bosque. Para mí este bosque lo es todo en la última etapa del Camino. El resto hasta Santiago es andar. Simplemente avanzar. Pasamos por caminos y pistas. Subimos y bajamos. Rodeamos el aeropuerto. Atravesamos autopistas y llegamos al Monte do Gozo por pistas asfaltadas. Caminamos ágiles y ligeros. Dichosos. sin sentir molestias ni cansancio. Por el Monte do Gozo pasamos sin parar. sin ninguna consideración. A mí no me llama la atención. Y, creo, que a los demás tampoco porque no muestran la más ligera intención de ver algo de todo el tinglado. La entrada a Santiago, llena de grandes hoteles, centro de convenciones, edificios modernos y calles anodinas, nos hace sentir extraños por un momento. Aceleramos el paso para entrar en la parte antigua de la ciudad. Para caminar por las calles empedradas y sin tráfico. Para sentirnos, de nuevo, peregrinos.

 

Al entrar en la plaza del Obradoiro cesa la lluvia y nos acaricia un trozo de sol que se cuela entre las nubes. Lo mejor de la entrada. Ya está, ya hemos llegado. O, quizás, empezamos. Cumplimos con la parafernalia de la llegada con gran ilusión. Somos unos peregrinos más de los miles y miles que llegan hasta aquí. Pero nos sentimos especiales. Cada uno de nosotros es singular. Podía recordar los días vividos en esta travesía, ya tan lejanos algunos. Las gentes que he conocido. A mis compañeros de Camino o las diversas vivencias. Pero no, simplemente vivo el momento, me dejo llevar por mi estado de ánimo.

 

Por mis sensaciones. Por la alegría de haber llegado. Por la tristeza de haber acabado.

 

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Contacto

©2019 Calzados Fal | CHIRUCA. Todos los derechos reservados

Please publish modules in offcanvas position.