cabecera expertosenelcamino

Sábado, 27 Noviembre 2010 09:12

Etapa 25: Trabadelo a O Biduedo

Escrito por Chiruca

Hoy nos espera una dura ascensión hasta O Cebreiro. Por eso salimos temprano por la mañana. A las ocho ya estoy caminando en la penumbra.

Creo que harán falta todas las horas de luz de este día para caminar. A oscuras y lloviendo, pero con una tremenda ilusión ante lo que tengo por delante en esta etapa, más que nada, porque hoy entraré en Galicia. Eso hace que sienta que me voy acercando a Santiago. Y la montaña me gusta. De ésta hoy me voy a hartar. Como siempre, salgo en ayunas, acompañado de Aman. Hasta cuatro kilómetros más adelante no encontramos la estación de servicio de la nacional seis, donde poder sentarnos a comer algo y protegernos de la lluvia. En esta área de servicio de carretera suelen parar los camioneros. Hoy han cortado la autopista por unas obras y está repleta de gente que baja de los autobuses. Somos como bichos raros sentados en nuestra mesa desayunando en medio del gentío. Aquí estamos nosotros. Empapados. Con nuestras mochilas. Algunos peregrinos más se han parado aquí también, pero otros han pasado de largo. Seguro que se han preparado algo para desayunar en el albergue. Noto algo raro en el ambiente del grupo, quizás sea un cierto nerviosismo porque entramos en Galicia, pero noto algo.

 

En el exterior sigue lloviendo, pero mi tiempo del desayuno ha terminado. Con el plástico cubriéndome por completo, continúo con la suave ascensión por el andadero paralelo a la nacional. La lluvia no me molesta. Lo cierto es que no pienso en ella. Sólo con mirar hacia adelante y ver cómo el valle se va cerrando cada vez más, ya tengo la mente ocupada. Al llegar a Vega de Valcarce, seguimos de frente por una carretera estrecha sin tráfico, que se va empinando por momentos. Ahora sí siento que estoy subiendo. Que el valle se ha cerrado del todo y nos enfrentamos a la montaña. En Ferrerías la carretera se torna aún más estrecha con un asfalto rugoso y, lo más importante, una fuerte pendiente. Ahora sí que es una subida de verdad, que se acentúa cuando tengo que torcer hacia la izquierda por un sendero que me lleva hasta A Faba. Esto es un sálvese quien pueda. El grupo se ha disgregado. Algunos se van parando y otros sorprenden por lo fuertes que van. Bapu, el joven alemán, ha arrancado su “moto” y cuando llego a la localidad de A Faba, lo he perdido de vista.

 

En A Faba hay un albergue abierto, es privado y pertenece a un alemán llamado Marcel. Pero no está. En su ausencia lo cuidan una pareja joven que están haciendo yoga con otros peregrinos que han llegado poco antes. Me siento a contemplar la escena, mientras espero a que terminen para conseguir un café caliente. Estos últimos días no hemos visto a muchos peregrinos. Pero hoy, como salidos de la nada, no veo más que peregrinos, de los que no pertenecen a nuestro grupo. De la “familia” van llegando poco a poco, primero Amán, luego el francés y, para gran sorpresa, Gina. A la coreana la había visto por última vez, sentada cerca de la antigua herrería abandonada. Pensaba que ya no la vería más en todo el día, pero aquí está, sorprendiéndome con una fuerza que no creía que tenía.

 

Algo más de cinco kilómetros nos quedan por recorrer para llegar a O Cebreiro. Vamos por un precioso sendero de montaña en continuo ascenso y bajo una persistente lluvia. Ya no voy solo. Hemos formado este pequeño grupo con Amán, Gina, el francés y yo. Éste va a ser un momento especial. Entramos en Galicia y lo quiero compartir con mis amigos. Entramos en Laguna de Castilla bajo la lluvia disfrutando de ir pisando los barrizales del Camino. Como un niño. Ésta es una pequeña aldea de montaña. La última población de León, que tardamos, como mucho, unos diez minutos en atravesarla. Lo curioso es que cuando entramos llueve sin parar y, al salir, nos encontramos el cielo azul y con el sol brillando. Otro pequeño milagro para que podamos añadir otra pequeña alegría a nuestra entrada en Galicia. El paso de la muga es emocionante. Es cierto. No es más que un simple mojón en el camino, pero es algo que veía tan lejano cuando aún estaba caminando por los Pirineos, que me emociono. Un mojón que supone muchas cosas. Además, luce el sol.

 

En O Cebreiro nos tomamos un caldo gallego mientras esperamos que lleguen los demás. Tenemos que decidir qué hacemos: si nos quedamos aquí o continuamos hasta Triacastela. Serían veintiún kilómetros más. Es una decisión difícil. Ya notaba yo que el grupo estaba raro hoy. Bapu ya está aquí, pero no sólo él iba por delante. Ahora me entero que Marian también iba por delante. Bapu nos cuenta que han decidido hacer el Camino, desde aquí hasta Santiago, separados. No entiendo nada, pero será porque no tengo nada que entender. Salieron hace casi tres meses de Colonía y han venido caminando como peregrinos gemelos. Y, ahora, deciden ir solos estos últimos días. Pues muy bien. Bapu se ha alojado en el albergue de O Cebreiro y Marian, hace rato que va camino de Triacastela. Cada cual hace su camino, pienso. Dicho y hecho o, mejor, pensado y hecho, me levanto de la mesa y les digo que me voy hasta el Alto do Poio. Llevamos más de una hora esperando que aparezca alguno más del grupo, y por aquí no ha venido nadie. Hay que moverse. Amán y el francés se vienen conmigo y Gina, dudando, nos dice que se va con Bapu, a ver qué tal está el albergue.

 

El tiempo está cambiando. Han aparecido unas nubes bajas y sopla un fuerte viento de frente que dificulta nuestro andar, en estos nueve kilómetros hasta el alto do Poio. Vamos los tres con un paso realmente rápido, por lo que llegamos al albergue del bar El Puerto muy cansados. Lo que nos encontramos nos deprime un poco. No hay calefacción y sí mucha humedad. Pero no tengo nada que reprochar. Desde O Cebreiro había llamado por teléfono y la señora, muy amable, me había advertido de las condiciones del albergue. Incluso, me había aconsejado que no fuera allí en un día como éste. Sentados en la mesa del bar mientras nos comemos un bocadillo, vivimos un momento tenso de incertidumbre. No está claro qué vamos a hacer. Nos queda una hora escasa de luz y tomo una decisión. Yo no me quedo aquí. Amán acepta con resignación y se levanta. El francés, a regañadientes, no tarda en hacer lo mismo. A nadie se le obliga. Además el grupo se está disgregando, y cada uno tiene que hacer lo que le parece mejor.

 

Si ya íbamos rápido antes, ahora aún más. Pero yo estoy contento. Me gusta la aventura. No tiene por qué estar todo siempre planificado y ordenado. No es mi deseo, la verdad. Pero tampoco me importaría tener que llegar hasta Triacastela. Tenemos toda la noche por delante. Cuando llegamos a Fonfría, nos encontramos con el albergue cerrado. Pero no perdemos tiempo. Seguimos con nuestro ágil caminar cuesta abajo. Llegamos a O Biduedo cuando está anocheciendo. Nos reímos como tontos al sentir que nuestra aventura tiene un final feliz. Hay un hostal nuevecito a la entrada a 15 euros por cabeza. Nada que no podamos asumir. La alegría que sentimos se desborda cuando entramos en el bar, y nos encontramos a Gina sentada en la barra con un vino en una mano y un cigarro en la otra. Como si nada. Había decidido salir tras nosotros, pero cuando estábamos en el albergue del Poio, ella había pasado de largo sin vernos. Y hasta aquí ha llegado. Sola. Como si nada.

 

La mujer del hostal nos dice que para sólo cuatro peregrinos no va a encender la calefacción. Yo la entiendo. Espero que nos entienda también, que nos vayamos a Casa Xato, el otro hostal de Viduedo. Es una casa antigua en el centro del pueblo con calefacción, por supuesto. Una señora encantadora y una cena con la matanza de la casa. ¡Qué final de etapa más maravilloso! En la cena coincidimos con dos peregrinos guipuzcoanos a los que hemos visto en varias ocasiones a lo largo del Camino, pero ellos nunca duermen en albergue. Y cenar, siempre en los mejores sitios. Yo también quiero hacer así el Camino algún día. Al fondo del viejo pero encantador comedor hay una mesa larga con una veintena de comensales. A las siete de la tarde, todavía están con la sobremesa de la comida. Son los directivos de una Caixa de ahorros, que han estado decidiendo sobre la fusión con otra Caixa de ahorros también gallega. Aquí, en esta aldea de la montaña, en el mismo comedor, los peregrinos y ellos. Qué mundos en un mismo mundo…

 

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Contacto

©2019 Calzados Fal | CHIRUCA. Todos los derechos reservados

Please publish modules in offcanvas position.