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Miércoles, 17 Noviembre 2010 08:39

Etapa 15: Boadilla del camino a Carrión de los Condes

Escrito por Chiruca

Llueve ligeramente en la oscuridad. No sé porqué hoy me preocupa especialmente el tiempo. No es que tenga resaca y me pudiera desagradar especialmente la lluvia, pero podía ser.

Lo que sí es cierto es que hoy me desentendido del resto al salir, aunque no del todo. Ayer quedamos en celebrar el paso del ecuador del camino en Villarmentero de Campos, si se tercia. Así que arranco y empiezo a salir de Boadilla del Camino al mismo tiempo que el sol empieza a salir haciéndose hueco entre las nubes. Disfruto con el espectáculo. Me parece un auténtico regalo lo que estoy viviendo. Al poco de salir de Boadilla, el camino se une al canal de Castilla para que los peregrinos disfrutemos aún más de nuestro caminar. Empieza a llover, pero la belleza del entorno y el recuerdo de la cena, mantiene mi sonrisa perenne.

 

Mi bobalicona sonrisa desaparece a la entrada de Fromista, cuando esa ligera lluvia se convierte en un incesante chaparrón. Acelero mi paso buscando refugio. Tengo la sensación de caminar bajo el chorro de la ducha. Además de que Fromista es un pueblo interminable donde no hay ni un solo bar abierto. Debo volver algún día para que cambie mi percepción de esta localidad. Al final encuentro un lugar donde tomarme un café y protegerme del chaparrón. Poco a poco van llegando los demás peregrinos. Absolutamente empapados como si los hubieran sacado del canal. He dejado la mochila en la puerta, pero no era necesario. Era el único sitio al que podían venir si no quieren ahogarse. Entre la calefacción del lugar y el vapor de nuestras ropas nos encontramos de nuevo juntos, sin quedar y sin hablarlo. Volvemos a sentirnos a gusto, demasiado a gusto todo el grupo. Decido marcharme solo, sin esperar a que escampe. El Camino está por delante y las cosas tienen que pasar porque llegan, no porque las forzamos. Nada más salir bajo la lluvia, a los cinco minutos de estar caminando, deja de llover. Esto es la leche. A tres kilómetros y medio por un andadero paralelo a la carretera, llego a Población de Campos. Después de visitar la ermita de San Miguel decido continuar por el andadero. Aquí podía haber tomado un camino que discurre a la derecha del río Ucieza durante 7 kilómetros, pero me he mojado demasiado hoy y no hay mucho tráfico al lado del andadero. Así que sigo hasta Revenga de Campos donde hago una pequeña paradita al lado de la escultura de un peregrino, donde nos vamos uniendo todo el grupo. La verdad es que aunque camines más rápido que otros, la diferencia de tiempo es mínima. Yo veo que voy más rápido que los demás, pero a los 5 minutos de parar empiezan a aparecer.

 

Decidimos seguir hasta la parada prevista en Villarmentero de Campos, donde teóricamente se encuentra el ecuador del camino francés. No sé cómo se han hecho los cálculos para situar a esta población como mitad del camino, pero todo sea por celebrar algo… Celebración que se va al traste porque en noviembre no hay nada abierto y no es plan de montarla al aire libre. Lo posponemos hasta Villalcázar de Sirga. Llego tan cansado que me meto en el primer bar que veo. El que está frente a la entrada de la iglesia de Santa María la Blanca, cuya torre me pareció inclinada como la de Pisa. A lo mejor estaba muy cansado. Aquí tampoco celebramos ningún paso por el ecuador porque el local no se prestaba a ello. A lo largo del Camino te encuentras con sitios donde tratan al peregrino con indiferencia o como meros billetes andantes-los menos-. Otros, donde se trata al peregrino con un cariño especial. En Villalcázar no acertamos con el sitio bueno.

 

La celebración llega por la noche a la hora de la cena en el albergue de Carrión de los Condes. Nos encontramos con la sorpresa de que Gina y Puka junto a “Father”, los coreanos, han hecho la compra y nos han preparado una comida coreana. En la cena nos reunimos el “equipo peregrino habitual” junto a algunos más con los que coincidimos y les invitamos a unirse a nuestra mesa. Dos de las monjitas del albergue, que se han portado fenomenal, se unen también a compartir los postres con nosotros. Simpatiquísimas ellas, nos dirigen en el “cumpleaños feliz” que le cantamos al italiano Amán por su aniversario. Reparten la tarta y nos regalan una figurita de la Virgen Milagrosa con un hilo para colgarla del cuello. Algunos nos miramos mientras nos preguntamos qué hacer con la virgencita que tenemos en la mano.

 

El día ha sido duro por la monotonía del recorrido y especialmente por la climatología. Pero la velada ha sido maravillosa y nos vamos a las literas con la sonrisa en la cara y la alegría en el cuerpo. Me fijo en el grupo y veo que nos vamos todos a dormir con la virgencita colgada del cuello.

 

 

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