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Sábado, 13 Noviembre 2010 09:41

Etapa 11: Belorado a Ages

Escrito por Chiruca

Ya son muchos días coincidiendo los mismos peregrinos en los mismos albergues y ya notamos una gran complicidad entre nosotros. Hasta ahora no hemos planeado nada.

No hemos quedado en ningún sitio, simplemente nos hemos alegrado al encontrarnos al finalizar cada etapa. Lo dejamos en manos del destino o de lo que sea, pero ese “loquesea” nos ha ido uniendo día tras día. Uniéndonos y haciéndonos compartir nuestros caminos. Inicialmente, individuales.

 

La salida de Belorado no tiene nada que ver con el tramo que nos lleva hasta esta localidad. El camino se hace agradable en una continua y ligera subida. Andamos por caminos que han sido delicádamente alejados de la ruidosa carretera. Nos vamos encontrando por el camino. Lo compartimos. A ratos hablas con uno, luego te emparejas con otro y también caminas solo. Hoy hemos hablado antes de salir. Hemos marcado la población de Villafranca Montes de Oca como un buen lugar para deleitarnos con un almuerzo y descansar un rato. Cesare, nuestro chef-cocinero, es la sexta vez que hace el Camino. Piensa recorrerlo en doce ocasiones, una en cada mes del año. El se conoce el camino y nos ha advertido de la dureza de esta etapa. Nos ha recomendado hacer una pequeña parada antes de afrontar la subida a Montes de Oca. Así que nos hemos ido encontrando todos en una fonda de Villafranca.

 

Menos los alemanes. Ellos no paran nunca. Salen por la mañana después de desayunar en el albergue y no paran hasta llegar al siguiente albergue. Allí se preparan un poco de pasta con el hornillo que llevan en la mochila. Después se tumban en la cama hasta las 6-7 de la tarde, que es cuando cenamos. Cada día lo mismo, desde Colonia, Alemania. Les hemos visto pasar desde la ventana de la fonda mientras comíamos y bebíamos. Como siempre, primero el joven de 17 años-el más rápido- y más tarde el “viejo” de 18. Salen los últimos y llegan los primeros. Todos los días.

 

Comenzamos la ascensión a Montes de Oca. Cada uno a su aire. A su ritmo. Un camino de montaña entre hayas y robles. Al rato de estar subiendo, veo al fondo una pareja de peregrinos que gesticulan y charlan animadamente. Según me voy acercando reconozco a Cesare. No es hasta que estoy a veinte metros que identifico al otro componente de la animada pareja. Descubro sorprendido que se trata de Roman. El polaco. El que no habla más que su idioma y un poco de inglés. En lo que llevo de camino no le he oido hablar. De vez en cuando gesticula o balbucea tímidamente algo incomprensible. Por eso me acerco divertido a Cesare y le pregunto por lo que se están contando en esa conversación aparentemente tan entretenida. Riéndose me contesta que en el Camino existe un idioma universal con el que nos podemos comunicar todos los peregrinos. Entre pensativo y divertido, sigo mi ascensión y me alejo de esta pareja que continúa con sus aspavientos, sus gestos faciales y sus palabras. Aparentemente inconexas. El entorno por el que discurre esta etapa, consigue que no sienta tanto el cansancio y los diferentes dolores a los que, a pesar de los días pasados, no me acostumbro. Llego hasta San Juan de Ortega donde todo está cerrado. Visitando el monasterio me encuentro al matrimonio belga que viene con nosotros pero que van a su aire. Coincidimos en casi todas las etapas. Algunas veces comparten la cena comunitaria que organizamos en el albergue. Otras, no se sabe donde están. Van a su aire. En pareja. Pero siempre nos alegramos de reencontrarnos.

 

Recorro despacio los cuatro kilómetros hasta Agés. Agotado, pero con la alegría en el cuerpo por haber disfrutado de una etapa que discurre en un entorno maravilloso. Mi alegría se intensifica al descubrir este pequeño pueblo y el cariño con el que nos reciben en el albergue de San Rafael. Mis “compañeros” van llegando y nos vamos “adueñando” de nuestra casa. Aparece algún peregrino nuevo, al que no hemos visto nunca. En concreto tres que llegan con una minúscula mochila y ropa deportiva. Se apropian de la mesa que está junto al futbolín y no se mueven de allí hasta que se van a las literas a dormir. Aprovechamos nuestro particular torneo internacional de futbol “indoor” para charlar algo con ellos. Desde su mesa, -mientras van dando buena cuenta de sus barritas energéticas y sus productos recuperantes- nos cuentan, orgullosos, que van haciendo las etapas de dos en dos. No los veremos más. Creemos que quieren batir algún record.

 

 

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