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Viernes, 12 Noviembre 2010 09:38

Etapa 10: Santo Domingo de la Calzada a Belorado

Escrito por Chiruca

Santo Domingo es uno de esos lugares en los que el peregrino no se siente extraño. Está en su casa.

El Camino de Santiago está presente en toda la localidad, y da un poco de pena abandonarla. Por eso he salido del albergue a oscuras, cuando aún no ha amanecido, para dar una vuelta y tomarme un café. Salgo caminando solo del pueblo, pero enseguida me voy encontrando peregrinos. Somos los mismos que salimos de Saint Jean o de Roncesvalles, y ya nos vamos conociendo. Estamos conformando un grupo de una docena. Con alguno camino un rato y charlamos para, al rato, seguir cada uno nuestro ritmo de caminata y separarnos. Sabemos que nos encontraremos al final de etapa. Empezamos a sentir que vamos juntos, que cada uno hace su Camino, que nadie espera nada de nadie, pero que todos nos ayudamos en lo que podemos.

 

Al llegar a Grañón, voy buscando un lugar para almorzar. Al final de la calle veo una señora y le grito desde lejos si sabe de algún sitio donde poder comer y beber algo. Gritando también, y con toda la alegría del mundo, nos invita a ir donde está ella. Tiene un bar y nos acoge a gusto. Y tan bien que nos acoge. Allí entramos Alex, Sonia, Aman y yo, y nos da de comer y beber. La mujer es encantadora, y me hace leer un texto sobre el Camino mientras me dice que todos los días invita a hacerlo a un peregrino. Cada día uno diferente. Tiene uno para cada día del año. Al rato, sin moverme de la silla donde he comido y he leído en alto, me da un masaje en la cabeza. Me relajo y disfruto mientras los demás miran asombrados. Luego le da otro masajito al italiano Aman y nos marchamos sabiendo que no nos olvidaremos de este lugar ni de la dueña del bar.

 

Continuamos nuestro Camino. A veces juntos y otras en solitario, separados tan solo por unos metros. Queremos llegar a Belorado, el paisaje es bonito, pero el Camino, tan pegado a la N-121, no es nada agradable. Llegamos a Belorado con unos tímidos amagos de sol, pero con un intenso frío. De nuevo estoy machacado, me duele todo. Caminar tanto tiempo con un peso a la espalda no tiene nada que ver con correr o andar en bicicleta. Por muy en forma que estés, esto es diferente. Cada día me aparecen dolores diferentes. Y los de la víspera desaparecen. Esto no lo entiendo.

 

Después de sellar la credencial, voy a la plaza de Belorado a comer algo. Al rato aparecen el alcalde y el concejal de deportes que me cuentan todo lo que quieren hacer en esta localidad con su tramo del Camino de Santiago. Lo quieren tratar con cariño. Al irme, voy a pagar y me dice el camarero que me han invitado. Se agradece.

 

Por la noche, cena multitudinaria en el albergue. Cesare, el otro italiano del grupo ha preparado cena para todos. Ya tenemos grupo, más los que aparecen y desaparecen. Allí estamos Cesare, Aman, Alex el venezolano; Sonia, la abogada brasileña; el francés, el polaco; Gina y Puka las coreanas que se han quedado sin su acompañante inicial; los dos alemanes de 17 y 18 años que salieron andando desde Colonia… Comida, bebida, risas y muy buen rollo entre todos.

 

 

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