cabecera expertosenelcamino

Lunes, 08 Noviembre 2010 09:28

Etapa 6: Estella a Los Arcos

Escrito por Chiruca

Me asomo a la puerta del albergue para ver partir a los primeros peregrinos, y les veo alejarse bajo una persistente lluvia. Anoche estuvimos dando una vuelta y conociendo gente.

Fue muy agradable. Pero esta mañana me está costando arrancar. Noches alegres, mañanas tristes…

 

Espero a que amanezca para arrancar. Me cuesta, pero hay que seguir. Sigue lloviendo. Me paro a la salida de Estella a tomar un café y mis compañeros de Logroño siguen adelante. Aparece una japonesa que está haciendo el Camino a tramos también. Apuramos el café mientras nos concienciamos de que no parará de llover. Hay que salir. 

 

Habla mucho Yoshino, que así se llama la japonesa, y siempre está alegre, a pesar de las condiciones de la marcha. No viajo con mis pensamientos como otros días, pero me divierto mucho con la compañía. Nos paramos en la bodega de la que “siempre” mana vino para el peregrino, pero ni gota. Si lo llego a saber hubiera seguido por el camino más corto, por la derecha de la carretera. Al llegar al hotel Irache, nueva parada y café con la esperanza de que cese la lluvia. En vano.

 

Como va tranquila mi compañera de etapa, me da tiempo a ir parando para hacer acopio de endrinas que recojo de las zarzas del camino. Le he explicado cómo se hace el pacharán y le doy la materia prima para que se lo haga en casa. Me lo estoy pasando bien con Yoshino, es divertida y aletarga mi cansancio y la incomodidad de la persistente lluvia. Pero tanta agua tiene un límite y necesito otro café. O sea, parar un poco.

 

En Azqueta, está todo cerrado. Al llegar a Villamayor de Monjardín nos encontramos con Sonia, la brasileña y con Amán un italiano aventurero, que están sentados en la parada del autobús protegiéndose de la lluvia. Nos dicen que el bar del pueblo está cerrado. No me lo puedo creer. Me pongo a gritar pidiendo a algún vecino que nos invite a tomar un café en su casa, pero no surte efecto. El pueblo está vacío y nadie se asoma a la ventana. Sólo se oye la intensa lluvia golpeando contra el suelo. Subo a la plaza donde está el bar del pueblo, cerrado, y llamo a la puerta de una casa al azar. Aparece un joven que me mira de arriba abajo mientras le pregunto por el bar. Me dice que no deberían tardar en abrirlo, así que decido jugármela y esperar bajo la cubierta del frontón. Al rato aparece una furgoneta. Es el único movimiento que hemos visto durante la media hora que llevamos en esta mañana de domingo, así que tiene que ser el del bar.

 

Voy corriendo para ver si siguen Sonia y Aman en la parada del autobús. Además de ellos, también están los dos riojanos que se habían parado en el Hotel Irache a jugar ¡al futbolín!, y también estaba una holandesa que venía haciendo el Camino desde Le Puy. Nos juntamos una buena cuadrilla a la puerta del bar esperando a que acabara de abrir la persiana. Los huevos fritos con jamón los regamos con mucho vino, para neutralizar el agua con el que nos había regado este domingo de noviembre. Por supuesto, también tenía que enseñar a la japonesa lo que era el pacharán y probarlo… Arrancamos todos juntos con gran alegría y menos lluvia, o eso creo… Desde Monjardin hasta Los Arcos se camina por una pista muy agradable, todo llano, pero sin poblaciones donde refugiarse. Recupero mi consciencia de golpe cuando veo a la holandesa a lo lejos, que se había desviado del camino flechado. Llueve intensamente, lluvia horizontal, con un fuerte viento de frente y ella camina decidida hacia la sierra de Codés. Empiezo a gritar con todas mis fuerzas, pero no me oye. Dramático. Los demás van por delante, desperdigados, agachados protegiéndose del fuerte viento y la lluvia. Yo estoy con Yoshino, y la holandesa por la pista de la derecha, a lo lejos, directa hacia el monte. No puedo dudar. Dejo la mochila en el cruce y echo a correr tras ella. Sin aire, consigo que oiga mis gritos y recupere el buen camino. Por hoy, ya he hecho la buena acción. Tengo puntos para gastar y ser un poco malo…

 

Cuando vuelvo al cruce, no está mi mochila ni la japonesa. Miro hacia adelante y la veo a lo lejos con su mochila a la espalda y la mía en brazos. Encantadora.

 

No para de soplar el viento y de llover hasta llegar a Los Arcos. Por la climatología, puede que sea una de las etapas más duras del Camino, pero no tengo ese recuerdo.

 

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Contacto

©2019 Calzados Fal | CHIRUCA. Todos los derechos reservados

Please publish modules in offcanvas position.